"Si pudiera dormir rodeándote con mis brazos, la tinta podría quedarse en el tintero" (D. H. Lawrence)

jueves, 20 de julio de 2017

"El traidor"


Leí «El traidor» y «Rescate en Berlín» en noviembre de 2014 , ambas de un tirón, y desde entonces pido a Alexis J. Regnat con insistencia la tercera novela , basada en un personaje alemán al que adoras nada más conocerlo, pero ella está empeñada en ser una perfeccionista ( lo cual por otro lado, alabo) y ha estado remozando la primera para lanzarla de nuevo al mercado. Admito que después de releer la historia, esta vez en papel , sí he pillado pequeños fallos, que seguro vosotros no encontraréis pues me consta que se la ha currado a fondo.
«El traidor» va dirigida a los que disfrutamos de la literatura de guerra. En épocas de conflicto las personas se ven movidas por sus sentimientos más hondos; se convierten en héroes individuos que nunca se creyeron capaces de realizar hazañas , y en cobardes los que tampoco pensaron que se dejarían vencer por el miedo. Surgen relaciones intensas, basadas en «no sabemos si estaremos vivos mañana» y la pasión se pone en cada aspecto de la existencia. Para el amor es bueno, para la acción también.
En esta historia tenemos a un militar de doble nacionalidad , inglesa y alemana, de lo cual se aprovecha el Alto Estado Mayor para enviarlo como espía a Berlín en tiempos de preguerra, cuando se está gestando la debacle; por una serie de desafortunados acontecimientos, queda aislado y en su país de origen se le considera un traidor. No obstante, contará con la ayuda de su único hermano, espía también, y de un grupo de rebeldes antinazis a quien les queda claro por sus acciones que Henry/ Heinrich es un hombre de honor.
En su camino de desesperanza se cruzará con una persona que modificará su carácter taciturno y sus pocas ganas de vivir, una institutriz que, como él, se ha visto forzada por las circunstancias a permanecer en el oscuro Berlín de Hitler. Dafne demostrará que bajo su apariencia dócil se esconde una mujer de temperamento, testaruda y orgullosa. Una mujer que le planta cara a la adversidad y que se lanza a ayudar a un desconocido aún estando en zona de peligro.
Es una novela atractiva, con personajes fuertes y bien definidos, con secundarios que darán lugar a otras tramas y nos encandilarán.
La documentación es ajustada y correcta. Alexis presume de escribir sin artificios pero su lenguaje es preciso y define muy bien las idas y venidas de estos ingleses en tierra alemana.
Cuando terminé la lectura de «El traidor» me lancé a por el segundo, ya os lo he dicho. Y aún no conocía a la autora. Ahora, que alardeo de contarla entre mis amistades más queridas de las redes, os la recomiendo porque pienso que merece una oportunidad de ser leída, de que su prosa os llegue al corazón...Ella es reacia a meterse en editoriales y se autopublica, quizá por eso no la tengáis entre vuestros conocidos; pedidle amistad y ved que gran persona es, ved que empeño le pone a su trabajo.
Merece la oportunidad de estar en vuestros lectores digitales o en vuestras estanterías. Dádsela y después me contáis.

PD: Alexis, insisto, quiero la novela de Kurt. Necesito saber qué es de él. Alemán y en esos últimos años...Pavor me da.

jueves, 13 de julio de 2017

A Coruña y las letras.


Siempre que acudo a un congreso de escritores lo hago desde la humildad. 
Para conocer a compañer@s, aprender de los que admiro y sentirme parte de un mundo fascinante  en el que la gente te demuestra – muchas veces con simples comentarios – lo creativos y brillantes que pueden llegar a ser.
En un ambiente donde la concurrencia lee mucho y escribe a la par es imposible no quedarte con la boca abierta, no tomar nota mental de qué libros quedan por devorar, qué autores faltan por añadir a la lista de favoritos.
Resulta satisfactorio cuando las personas que admiras por sus obras se muestran cercanas, dispuestas a compartir sus experiencias con naturalidad y te miran a los ojos sin suficiencia; te ofrecen pequeños retazos de su día a día y te hacen entender que son tan humanos para lo bueno y lo malo como tú, simple mortal. Y si ya son tímid@s resulta el colmo, porque te hablan como si no merecieran ocupar el pedestal que se han ganado con un trabajo bien hecho. (Eso, por cierto, deja en mal lugar a los que se dan aires de grandeza como si el resto del mundo les debiera algo. Pero allá cada cual).
Lo más gratificante para mí es poner voz y cara ( las fotos no hacen justicia la mayor parte de las veces) a amigos de las redes, a personas que nos seguimos por leernos aunque jamás nos hayamos visto. Es fantástico abrazar a aquellos   con quienes has mantenido arduas conversaciones y compartido emoticonos, prácticamente a ciegas.
Y al revés, conocer gente nueva y que te entren unas ganas locas de pillarte algo suyo para ver si se corresponde lo genial que te han resultado con su modo de expresarlo. Me ha sucedido con el asunto de la erótica. Yo, que no soy lectora del género, ahora tengo un listado tremendo. (Quizá lo notéis en mis futuras novelas)
No voy a dar nombres, para qué si ell@s ya saben que estuvieron allí, pero fue un placer coincidir con «las grandes», «las sabias», las «novedosas» ...
He reído, hablado – sigo afónica unos cuantos días después – bebido ( besos especiales para Raúl y Manolo) y disfrutado más que un crío en una feria.
Por cierto,no puedo concluir este artículo sin una mención especial a mi «incitadora» para acudir al congreso, la abogado esa que anda siempre con lecturas en la boca, y su hermana, excepcional conductora y mejor persona. Sin ellas, A Coruña, no hubiera sido sino un punto en el mapa. Ahora es un rincón cálido en mi corazón.


jueves, 6 de julio de 2017

Entrega


Esa palabra es la que mejor define la vida de muchas personas anónimas. Personas que parecen importantes sólo para los que tenemos la suerte de cruzárnoslas en nuestro camino. Hace unos días, una de esas personas ha fallecido. Lo ha hecho tan en silencio como vivió su existencia pese a que la dedicó, de pleno,a cuidar del prójimo.
Tuve la fortuna de tratarla un tiempo que pasó por la escuela donde ya sabéis que trabajé dieciocho años. A mí me encantaba lo de relacionarme con mujeres acuciadas por problemáticas de todo tipo, ayudar en lo posible a resolver sus cuitas y aprender de su ejemplo a ser más fuerte en mi vida personal. Paulina Díez no se relacionaba, se zambullía de pleno; compartía el mismo espacio, igual en España que en África. Regalaba su sonrisa y su buen hacer. Su cariño y su sufrimiento.
Para eso era religiosa, dirán algunos. Pues sí, pero no todos los que se dedican al Señor dan ejemplo con su vida diaria de ese estado. Y ella lo hacía. Vivía por y para los que la rodeaban.
Era ¡cómo no! de León; para mí cuna de mujeres fuertes, decididas, entrañables . Ya hice una semblanza de «las hermanas de León» y en ella estaba incluida Paulina.
Pese a ser pequeña de físico y delgada como un junco, su mirada mostraba la fortaleza interior, la sabiduría adquirida en tantos años de entrega. Su mirada se tornaba nostálgica al hablar de su época en África, de la gente que había conocido, sin recalcar los peligros a los que también se expuso, entre ellos la pérdida de salud. Pero ya sabemos que al mirar atrás pesa más lo que amamos que lo que nos hizo sufrir.
Era una persona sabia, reconocida entres sus iguales como mujer versada en múltiples talentos, y sin embargo jamás la escuche presumir de sí misma.
Ahora no está, la muerte como suele ocurrir, se lleva a buenos y malos. La ventaja es que ella se hizo un hueco en los corazones de mucha gente, y ese es el modo inequívoco de seguir viviendo por siempre. Mientras la recordemos, estará. Por eso Paulina Díez y su sonrisa permanece.
Y yo agradezco a los hados que me concedieran su amistad. 


Todo mi cariño para la comunidad de El Buen pastor , en especial la de Badajoz, y para la familia Díez. 

jueves, 29 de junio de 2017

Veinte años con magia


En estos días se ha cumplido el vigésimo aniversario de la publicación de Harry Potter y la piedra filosofal, el primer libro de la fantástica ( nunca mejor empleada una palabra polisémica) saga de J. K. Rowling.
Me declaro admiradora suya, de su imaginación y su empeño. Todos los escritores sabemos lo que duele el rechazo de las editoriales y según se comenta en los medios a ella la «echaron «pa trás» ocho veces; vamos, que no tirar la toalla tuvo su mérito y, sin duda, una creencia en su historia bien arraigada.
Me alegro de su valentía porque no sólo se ha hecho rica vendiendo libros (olé sus «bemoles») sino que nos ha proporcionado a millones de lectores la posibilidad de deleitarnos con sus protagonistas y sus andanzas.
No soy tan seguidora como ciertos conocidos que podrían ganar un concurso de quien es quién en el universo Potter, pero sí reconozco adorar a Dobby, Hermione, Sirius, Dumbledore, la excelsa profesora McGonagall o al propio Harry. Lo he pasado pipa deseando pisar de verdad esos muros de Hogwarts, asistir a esas clases tan espectaculares o participar de los partidos de Quidditch.
Pero lo realmente importante de estos veinte años ha sido que millones de personas han leído. ¡Sí, por Dios!, han pillado un libro y lo han devorado, han hecho colas para comprar el siguiente, se han mordido las uñas de impaciencia por saber cómo seguía la trama...Eso es emocionante. Despertar pasión por una historia es el sueño de cada escritor, y la dichosa Rowling lo ha conseguido. Ni qué decir tiene cuánto la envidio.
Por otro lado, ha unido a adultos y jóvenes en la lectura de los mismos textos. Ha dejado de ser «ridículo» que los mayores gocemos con la literatura juvenil ; aunque hay gente que me mira con repelús cuando admito que me van los dragones, elfos, guerreros, hadas, vampiros, hombres lobo...Hay mentes muuuy limitadas.
Y en último lugar, los magos se han puesto de moda. Siempre han existido, vamos a ver, pero ahora conocemos a muchos con nombres y apellidos, les seguimos ( ¡Uf, me encanta Antonio Día, el Mago Pop!) y es maravilloso contemplar el rostro de pasmo que pone un niño al ver sus trucos...o el mío, sin ir muy lejos.
La magia existe. La felicidad que nos inunda al impactarnos también. 
Los libros existen. Su magia también.